Cientos de personas se han manifestado hoy en Faramontanos, en el límite con el término municipal de Santa Eulalia, ante una balsa de purines y en la parcela donde en el futuro se levantará una de las granjas porcinas industriales proyectadas en la comarca.

Los manifestantes se han concentrado ante una balsa donde en el futuro se almacenarán los purines de la granja, los que producirán los 75.800 lechones que se criarán cada año, según datos del propio proyecto. “Una balsa de aguas limpias y transparentes que se convertirá, si no lo impedimos, en un lodazal de purines malolientes, lleno de muerte para nuestro entorno. Los purines contaminarán nuestro aire, nuestra agua y nuestras tierras, causando daños irreversibles al medio ambiente y acabando con el futuro de nuestros pueblos”, han asegurado los manifestantes durante la concentración.

Las aguas limpias que llenan ahora esta balsa proceden del subsuelo, pues la granja se ubicará en una zona inundable, bajo la cual discurre el acuífero del que beben los vecinos de Santa Eulalia. “No nos cabe duda de que sus aguas se verán contaminadas, como también lo hará el arroyo de La Burga que transcurre muy cerca de donde nos encontramos, y que atraviesa el pueblo” afirmaron los manifestantes.

La comarca de Tábara tiene pueblos pequeños, sin estaciones depuradoras de agua ni potabilizadoras en condiciones, así que “los vecinos nos tomaremos la mierda de los cerdos a tragos. Y si piensan que la solución pasa por construir depuradoras o potabilizadoras, sepan que sus costes son tan elevados que repercutirán de manera considerable en nuestros recibos. Es decir, que mientras otros hacen negocio, los vecinos tendremos que pagar más cara un agua depurada con tratamientos químicos, que nació limpia del acuífero y se contaminó de purines”.

 

Durante la concentración, los miembros de la plataforma que agrupa a los vecinos que se oponen a las macrogranjas leyeron un manifiesto en el que se aseguraba que “también se contaminarán las tierras, con los purines que en ellas se verterán y que se filtrarán al subsuelo. Sin controles ni vigilancia, las tierras se saturarán de excrementos, dejando de ser fértiles, perdiendo todo su potencial natural y su valor económico, no nos olvidemos. La contaminación del agua y de la tierra llegará pronto, en pocos años, pero su descontaminación tardará décadas y exigirá de fuertes inversiones, de dinero que no tenemos en esta Zamora rural.

Y a todo ello se sumará la contaminación del aire, que va mucho más allá de los apestosos olores. No protestamos contra las granjas porcinas porque huelan mal. Lo hacemos porque los purines van de la mano de gases tóxicos, que se liberarán al ambiente y no podremos evitar respirar.

 Sin embargo, todo esto poco importa a los políticos, y mucho menos a los promotores de estas granjas. Todos ellos viven lejos de estas tierras, en zonas libres de granjas de producción industrial de cerdos, así que no les preocupa que el agua de nuestros acuíferos se contamine. Tampoco que tengamos que abastecernos con cisternas cuando se sequen nuestros pozos, de los que tomarán agua las granjas para funcionar.

Hay que recordar que la granja de Pozuelo necesitará 52 millones de litros de agua al año para sus 11.500 cerdos de cebo. Y la cantidad se queda pequeña si tenemos en cuenta que la instalación de Faramontanos requerirá de 189 millones de litros. Los vecinos tendremos que abandonar los pueblos para que vivan los cerdos, porque ni pozos ni acuíferos serán capaces de abastecer a ambas poblaciones.

Y, mientras, los políticos y los mandatarios de estos pueblos se sientan, complacientes, a ver cómo dos proyectos de granjas porcinas van a destrozar nuestras vidas. Nos arrepentimos de haber votado a una clase política que ha utilizado ese voto, honesto, para ir contra nuestra salud y la de nuestros hijos y nietos. La balsa en la que nos encontramos no será la única, habrá muchas más en todos los pueblos de la provincia, y no podemos consentirlo”.