Con una actividad de divulgación basada en el conocimiento científico directo desde el Observatorio de Malacología y Ecología Fluvial han querido contribuir a sensibilizar a la población ribereña acerca de los principales valores ambientales del río Negro. Realizada el pasado sábado 23 de noviembre en la biblioteca del Palacio Diego de Losada de Rionegro del Puente, y con asistencia de más de 40 vecinos de Carballeda y otros puntos de Zamora el OMF pudo iniciar un camino que permita frenar el deterioro del río antes de ser irreversible. Entre los que se encontraban alcaldes y representantes de 3 municipios del valle, y de otros colectivos implicados en la conservación de los ríos.

Según el OMF, “el proceso más grave que se está produciendo actualmente en el río Negro es la proliferación del cangrejo señal, introducido furtivamente hace menos de 10 años en la parte baja del cauce y que se ha extendido por casi todo el valle. Este verano hemos iniciado el estudio de este proceso encontrando altas densidades en 5 de los 6 seis puntos de trabajo, especialmente aguas debajo de Santa Eulalia y en relación con los vertidos sin depurar de su fosa séptica”.

La expansión ha sido favorecida, entre otras cosas, señalan, “por los bajos caudales prolongados durante meses y al efecto combinado de aguas más calientes y con más nutrientes que provienen de los vertidos urbanos. Ninguno de los núcleos urbanos del valle tiene implementado un sistema de depuración de aguas negras digno del siglo XXI, a pesar de verse afectada la auténtica joya de la naturaleza de Zamora; todavía en unas condiciones ambientales sin igual entre los ríos de la Cuenca del Duero”.

Analizando la serie de caudales de la estación de Confederación Hidrográfica del Duero desde julio de 2015 (46.300 datos horarios) se comprueba como el Negro se ha convertido en un río de extremos, “en que se suceden caudales muy elevados e instantáneos, y largos periodos de caudal en condiciones de estiaje. Condiciones que se extienden mucho más allá del verano de calendario”.

Durante la primera y verano de 2019 también se monitorizó en continuo la temperatura del agua en zonas de sombra; éste es un parámetro clave para la disolución del oxígeno en el agua y también controla las distintas etapas del ciclo reproductivo de la fauna fluvial. “Los niveles registrados superan ampliamente los umbrales recomendables para aguas trucheras; de las que es sabido que tienen que ser frías todo el año. Se han medido máximos de hasta 24,5 ºC a finales de julio, y se superó el valor umbral de 18 ºC desde la tercera semana de junio hasta la tercera de septiembre”, aseguran desde el OMF.

Es decir, “el río pasa en la actualidad un trimestre entero con temperaturas diarias promedio por encima de niveles tolerables para aguas trucheras. La pérdida de esta condición sin duda es clave en la agonía ecológica en el río Negro, y además refuerza el agravamiento de los demás problemas. En concreto agrava los vertidos cargados de nutrientes (proliferación de cianobacterias y algas en los fondos), la compactación de arenas y gravillas donde frezan las truchas por escorrentías de limos y arcillas desde laderas, carreteras y cortafuegos que vierten sin medidas correctoras directamente al río. O también la creación de ventanas en el bosque de ribera (continuidad de la aliseda) para zonas de baño u otras actuaciones enfocadas el turismo de verano”, añaden desde el OMF.

El irreversible deterioro del Negro desembocaría en la pérdida de sus funciones ecosistémicas imprescindibles, como por ejemplo el mantenimiento de la calidad del agua, para los ribereños que viven en sus orillas y para el resto de la sociedad humana. Nos privaría a todos de un lugar con encanto propio y lleno de otros valores importantes que provienen de la naturaleza y no son materializables en indicadores económicos.