El simple ruido de un globo puede despertar respuestas en personas que tienen un estado tan avanzado de Alzheimer que apenas se pueden mover. “Ese sonido crea algo, les estimula, empiezan a tocarlo y a moverlo cuando normalmente están en la silla y no hacen nada. A partir de ahí es mucho más fácil comunicarse con esa persona para proponerle hacer otra actividad como, por ejemplo, salir al parque; se produce un cambio en su bienestar”, explica Jonathan Barragán, especialista en magicoterapia.

Este tipo de vivencias inundaron el Centro Terapéutico de Día “Ciudad Jardín” de Zamora el pasado 10 de septiembre, gracias a una charla dirigida tanto a profesionales del sector, como a familiares, voluntarios, estudiantes, magos o incluso aficionados. Un espacio organizado por las XXV Jornadas Internacionales de Magia y un éxito palpable en las reacciones de los asistentes.

Especializado en magia cognitiva desde hace años, Jonathan B. aclaró la diferencia entre un show y una terapia de estas características, en la que se comienza un proceso terapéutico basándose en la historia de vida de cada paciente, “es muy importante conocer a la persona para tratar de usar efectos que puedan remitirles a un pasado y crear así una estimulación cognitiva y sensorial”.

Una aventura que empezó cuando tenía 18 años con la Fundación “Les blouses roses”, en la que hacía magia ocupacional. “Acudíamos a hospitales y residencias para divertir a la gente, para que huyeran de la enfermedad con magia”. Poco después, J. Barragán empezó a participar en las Jornadas Internacionales de Magia de Zamora –hace ya más de una década– “y dije, aquí hay caminos que se puede explorar, descubrir, y me fui metiendo cada vez más hasta que dejé mi puesto de profesor, me dediqué únicamente a ello y me especialicé en la magia cognitiva”.

Tanto fue así que fundó la Asociación “Les Indices Pansables” para poder llevar la magia como herramienta terapéutica a hospitales y residencias realizando shows y talleres, siempre basándose en 5 objetivos: ético, artístico, psicológico, físico y cognitivo. Una organización que hoy en día cuenta con la colaboración del CNRS (CSIC), la semana del cerebro, multitud de hospitales, residencias y neurólogos.

“Me di cuenta de que la magia podía tener un impacto sobre las personas con enfermedades psicopatológicas o con deficiencias, porque lo que me gustaba no era la magia, sino la cara de las personas. Y esto es algo muy importante cuando tratamos con personas con Alzheimer porque la gran parte de la comunicación es no verbal, por lo que hay que saber mirar, escuchar y sentir.”

Utilizando bolas de esponja, un clásico de la magia, se pueden trabajar reminiscencias cognitivas haciéndole tocar el material o preguntándole si tiene algo del mismo color. Con el valor añadido de la sorpresa que se produce al traspasar la bola de una mano a otra, obteniendo una actitud mucho más proactiva por parte del paciente.

Dando un paso más, si se enseña a realizar este tipo de efecto en un taller, se pueden trabajar las praxias. Por ejemplo, cuenta, “el tenar e hipotenar son músculos de la mano, trabajando con gente que tiene una deficiencia motriz se puede conseguir que hagan ciertos movimientos con una facilidad que ni con los fisioterapeutas ni con los médicos logran, porque se focalizan en la bola hasta el punto en el que olvidan el gesto que tienen que hacer y, simplemente, lo hacen”.

Así, este joven francés que dejó todo por la magia, mostró resultados tan sorprendentes como la posibilidad de relacionarse con un miembro de una tribu indígena en Malasia afectado por Alzheimer. Demostrando que la magia es universal y que, en sus propias palabras, “es la mejor manera de comunicarse con gente que no se conoce, sin la necesidad de hablar”.