Argusino volvió a revivir el trasiego de sus gentes, los romances y celos, el paso del tiempo. Y con ello, el destino que, tan caprichoso, esta vez, aparcó los tristes recuerdos para dar paso a un sábado de convivencia en el entorno de la ermita de la Santa Cruz.

Agosto supone una fecha ineludible para miles de sayagueses a los que, pasen los años que pasen, les sigue tirando una tierra que, en cuestión de días, multiplica su población. A la hora de cuadrar la agenda, entre fiesta y fiesta, ferias y actividades varias, los argusinejos volvieron a acercarse a su lugar de reunión tradicional en una tarde envidiable al son de la música y representaciones muy de la tierra.

Fueron los más pequeños los encargados de inaugurar el cartel con el desarrollo de manualidades y un taller de RCP de la mano de voluntarios de la propia asociación.

“Desde el día que conocí a Argusino Vive, como artista algo me tocó muy dentro”. Con estas palabras arrancó Carlos Herrero un concierto marcado por la música trashumante y la combinación de ritmos castellanos con otros más universales. Herrero llegó cargado de instrumentos tan particulares como el rabel, cántaros, panderos y flautas en un claro homenaje a la cultura tradicional y a nuestros antepasados, los que nos legaron unas “músicas que son inmortales, que nunca se perderán aunque cada vez se toquen menos”.

La sorpresa llegó cuando Herrero hizo subir al escenario a su eterno compañero de andanzas, Héctor Castrillejo, para ofrecer una actuación conjunta al más puro estilo de El Naán: realista con la situación actual, pero a la vez, con un toque optimista y reivindicativo. Porque, tal y como asegura Herrero, “tarde o temprano, la humanidad regresará a los pueblos”.

La compañía de teatro Mejor con Arte fue la encargada de acercar a Argusino su propia historia. Con la intención de ofrecer una representación personalizada y fiel a la historia del desaparecido pueblo, pero sin caer en el drama de su desenlace final, actores y creadores tiraron del archivo histórico de Simancas para extraer documentos sobre las costumbres y sucesos que tuvieron lugar lo que, combinado con la tradición oral, ha dado lugar a una obra trágica con tintes de comedia en la que el destino toma forma de mujer para guiar la historia.

“Las bodas del agua” puso en escena una escenografía minimalista en la que la fuerza de sus cuatro actores, unido a una potente creación musical y la canción final despertó las alabanzas del público allí presente.

La noche cerró con la tradicional cena de hermanamiento y la actuación del grupo Molofolk, todo un revulsivo de influencias musicales gracias a la variedad de sus integrantes.