La Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Buena Muerte ha trasladado a la ciudad de Zamora al Medievo con sus ropajes de corte monacal realizados en estameña blanca con faja de arpillera para ceñir la túnica y sandalias franciscanas en sus pies. A sus cuellos, un crucifijo, replica de la imagen titular. El silencio sepulcral, roto únicamente por el canto del coro, y la iluminación mediante teas hacen de esta procesión uno de los momentos más sobrecogedores de la pasión zamorana.

Austeridad y penitencia protagonizan este desfile en el que ha vuelto a impresionar ser testigo del paso del Santísimo Cristo de la Buena Muerte por la calle de Balborraz o por el arco de Doña Urraca.

El canto del ‘Jerusalem, Jerusalem’, compuesto por Miguel Manzano en la plaza de Santa Lucía ha vuelto a ser, sin duda, uno de los instantes más portentosos de la procesión.