Corría el año 1588 cuando el imperio más grande del mundo comenzó a hundirse en uno de los naufragios más sonados de la historia. Felipe II fue el pensador y único líder de aquella empresa en la que el objetivo era navegar por el Canal de La Mancha para encontrarse con la flota que estaba estacionada en los Países Bajos con el Ejército de Flandes para invadir Londres y dar un fuerte golpe a la Inglaterra de lo Tudor. La táctica de galeras española fracasó y la flota española tuvo el mayor revés de su historia, acontecimiento que ha formado parte de la memoria colectiva de los ingleses como una de sus victorias legendarias.

La armada invencible no llegó ser tan invencible y lo que se suponía que iba a ser otra de las victorias españolas lideradas por la bandera del catolicismo, significó el fin de la religión papal y el comienzo del esplendor británico y el auge del protestantismo. Las causas de la victoria anglicana pueden dividirse en muchas razones, pero podríamos concretarlas en una mayor preparación específica del personal de las naves, en que sus galeones eran más rápidos y elegantes, lo que les permitió moverse con mayor precisión y rapidez, además de que su flota estaba formada por navíos propios y España no podía permitirse, a pesar de ser la gran potencia mundial, tener una flota propia así que se fue hacia los ingleses con naves prestadas por potencias amigas. Tampoco hay que olvidar que los ingleses estaban en su propio terreno y que les unía la lucha contra un enemigo que quería invadir su territorio, dominarlos e imponer su religión.

Pero aquel episodio del siglo XVI no se quedó en una mera anécdota histórica. Aquellos rasgos que caracterizaron a los españoles en aquel acontecimiento nos han acompañado a lo largo de nuestra historia. Invadir a un país enemigo en su propio territorio podría equiparase a la sensación de jugar un mundial en el campo anfitrión. Todavía nos acordamos de cómo la selección española fue eliminada en estas circunstancias. De hecho esta es la asignatura pendiente del equipo español: nunca en su historia ha ganado a los anfitriones. En 1934, 1950 y 2002 la maldición del anfitrión acompañó a la roja también gracias a un arbitraje penoso; este año ante Rusia ni el VAR nos salvó. Aunque si dejáramos el siglo XVI e hiciéramos caso a la ilustración, parece que echar la culpa a fuerzas externas, como una maldición, es la manera más fácil de no buscar culpables en las personas para no castigar al verdadero culpable… Como sucedió con las Armada, cuyo fracaso los españoles lo achacaron a una gran tormenta.

Tampoco hemos aprendido a ser autosuficientes y a tener nuestros propios suministros antes de tener que pedirlos prestados. Inglaterra no era una potencia mayor que la española pero su carácter marino la llevó a invertir en su propia flota, convencidos de la importancia que el mar tendría en su historia. Así, mientras sus buques estaban expresamente diseñados para la guerra, los españoles se servían de préstamos de amigos que no estaban suficientemente preparados para una batalla naval, además de no estar convenientemente armados. Los españoles eran buenos en tierra, pero su experiencia en las luchas marítimas se basaba en las mismas tácticas que en las luchas terrestres, ya que solo habían batallado en el mar en las guerras contra los turcos en el Mediterráneo.

Esta falta de planificación para salir bien parado ante los nuevos retos y no confiarse en que los logros adquiridos seguirían reproduciéndose en el futuro podríamos observarlo en nuestra historia moderna con la falta de inversión que España ha hecho en I+D. La falta de financiación en el sector, incluida en la época de mayor bonanza económica, deja a la economía española muy debilitada para alcanzar a los grandes países. España no está entre las 25 potencias más innovadoras pero tampoco parece que lo vaya a estar en el futuro. Su zona de confort en la inversión turística y su falta de visión a largo plazo ha hecho creer durante décadas que la gallina de los huevos de oro se encontraba, únicamente, en el turismo y en la explotación de todos los oficios que se derivan de este sector económico. El 1,07% del PIB de media de inversión en innovación europea queda muy lejos de la española situada en el 0,57%. La falta de inversión en I+D es una clara amenaza a la economía española del futuro igual que fueron aquellos navíos ingleses, ligeros y preparados para la guerra.

Fuente: Audiolis

Tampoco hay que pasar por alto a la tripulación de las naves de cada uno de los dos países: mientras la especialización y la eficacia reinaba en los barcos ingleses, en los españoles los mandos estaban divididos entre capitanes militares y navales, por lo que era difícil que quedara claro quién estaba al mando. En los barcos ingleses los artilleros estaban entrenados para cargar los cañones y disparar con rapidez y eficiencia mientras que la Armada española estaba formada por personal del ejército que no estaba acostumbrado a trabajar con los bandazos propios del mar.

La especialización en España es una cuenta pendiente: el 22% de los empleados está sobrecualificado para el puesto que desempeña y el 35% no ejerce un oficio que corresponde con su preparación. Esta situación es un punto a favor del empleador que se aprovecha de las circunstancias para contratar a trabajadores altamente cualificados pagando por un puesto de menor categoría. Además, a diferencia de lo que ocurre en otros países, el empleado en España no tiene muchas opciones para elegir donde trabajar siendo difícil salir de la precariedad y dificultando la movilidad laboral. Pero a pesar de ser uno de los países con una mayor cifra de personal sobrecualificado, hay muy pocos graduados en tecnologías de la información en comparación con otros países europeos, por lo que sí que hay muchos universitarios pero con conocimientos poco rentables para encontrar un empleo de calidad, como aquellos del ejército que se subieron a los barcos a competir con la preparación marina de los artilleros ingleses.

Pero a pesar de que la Armada perdió y se ha quedado como uno de los episodios más tristes de nuestra historia, de aquella Armada Invencible nos hemos inspirado todas esas veces en las que una selección de deportistas españoles ha hecho las glorias en un torneo. De aquel 1588 vino el nombre del equipo de tenis español de la Copa Davis, apodado como La Armada, que tras la última victoria del 2011 quiere repetir este 2018 del 14 al 16 de septiembre contra Francia en campo francés. También es el nombre que acompaña a los 19 supervivientes españoles que quedaron en el segundo día en el campeonato WSOP de 888, los torneos de póker más importantes del mundo, o la armada que formaron Contador, Valverde y Rodríguez, los tres ciclistas españoles que Chris Froome señaló como sus principales rivales en el Tour de Francia del 2016. Si hay una armada invencible está claro que está en lo deportivo, aunque mucho tenemos que aprender para superar nuestro talón de Aquiles que no es otro sino competir en casa de nuestro anfitrión. Puede ser que la final de la Copa Davis de este año, jugada en territorio francés, acabe con la maldición.