La borrasca ha golpeado con fuerza esta noche de Jueves Santo afectando sobre todo al desfile del Yacente que, como ya hiciera el año pasado, ha desafiado a la lluvia procesionando dentro de una urna para proteger la integridad de la talla.

Las velas se apagaban restando brillantes al desfile, pero ni un ápice de su magia y su sobrecogedora belleza. En las aceras, el público se protegía bajo paraguas del chaparrón o metiéndose bajo soportales y aleros. Menos suerte tenían los cofrades, que sufrieron en sus túnicas y sus carnes una lluvia que les caló hasta los huesos.

Finalmente, los hermanos entraron en la plaza de Viriato para revivir uno de los momentos más bellos de la Pasión zamorana al filo de la una de la madrugada: el canto del Miserere, no sin antes realizar una recorrido más corto de lo habitual para reducir el tiempo de los hermanos en la calle.