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La Obisparra de Pobladura, una tradición ancestral que convierte las calles de Aliste en un gran escenario de máscaras y personajes

La mascarada, declarada Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial, mantiene viva una celebración de origen pagano recuperada por los vecinos y convertida en una de las grandes expresiones del patrimonio etnográfico zamorano

Pobladura de Aliste volvió a convertirse este fin de semana en escenario de una de las manifestaciones más singulares del patrimonio tradicional de la provincia de Zamora. La localidad acogió una nueva celebración de la Obisparra, una mascarada de origen pagano que ha logrado sobrevivir al paso del tiempo y que mantiene su capacidad para reunir a vecinos y visitantes alrededor de personajes, máscaras, bromas y representaciones que hunden sus raíces en las antiguas celebraciones de las comarcas de Aliste, La Carballeda y Sanabria.

La importancia de esta tradición quedó reflejada también en la presencia, durante la celebración del sábado, del director general de Patrimonio de la Junta de Castilla y León, José Ramón Sola, que acudió en representación del Gobierno autonómico para mostrar su respaldo a una fiesta considerada Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial. Sola estuvo acompañado por el presidente de la asociación cultural Aires de Aliste y vicepresidente de la Federación Provincial Mascaraza, Javier Silva.

La Obisparra forma parte del amplio universo de mascaradas tradicionales de la provincia de Zamora. Su origen se encuentra en antiguas celebraciones paganas que se desarrollaban durante el invierno en diferentes pueblos de estas comarcas y que, con el paso de las generaciones, fueron incorporando nuevos elementos, personajes y formas de representación.

En Pobladura, la tradición ha llegado hasta nuestros días convertida en una auténtica representación de teatro popular al aire libre. Las calles de la localidad se transforman durante la celebración en el escenario por el que desfilan los diferentes personajes, provocando situaciones cómicas, gastando bromas y buscando la participación directa de quienes se acercan a contemplar la fiesta.

Entre los protagonistas se encuentran la Filandorra, el Ciego, el Gitano, la Madama y el Galán, acompañados por varios diablos. Cada personaje aporta sus propios rasgos y contribuye a construir una representación en la que la frontera entre espectadores y protagonistas prácticamente desaparece. La Junta de Castilla y León destaca precisamente ese carácter participativo, ya que las bromas y representaciones involucran a los asistentes en una celebración colectiva.

Más allá de su componente festivo, la Obisparra constituye un auténtico testimonio de la cultura popular de la provincia. Las máscaras, los personajes, las bromas y la representación colectiva permiten conservar formas de expresión que durante siglos estuvieron vinculadas a la vida cotidiana de los pueblos y al calendario tradicional.

El hecho de que una celebración de origen pagano haya llegado hasta el siglo XXI convierte además a la Obisparra en un ejemplo de la capacidad de las comunidades rurales para conservar y recuperar su patrimonio. La participación vecinal resulta fundamental para que los personajes no permanezcan únicamente como figuras de un pasado etnográfico, sino que continúen teniendo vida propia cada vez que la fiesta vuelve a las calles de Pobladura.

La celebración también pone de manifiesto el creciente reconocimiento institucional de las mascaradas zamoranas como uno de los grandes valores del patrimonio cultural de la provincia. El respaldo de la Junta se suma así al trabajo desarrollado durante años por asociaciones culturales, vecinos y colectivos vinculados a la defensa de las tradiciones de Aliste.

En Pobladura, la Obisparra no es únicamente una representación del pasado. Es una fiesta que sigue reuniendo a la comunidad, recuperando personajes y rituales y ofreciendo a las nuevas generaciones la posibilidad de conocer directamente una tradición que forma parte de la memoria colectiva de la comarca.

Entre máscaras, diablos, bromas y personajes, la localidad vuelve a demostrar que algunas de las manifestaciones culturales más valiosas de Zamora no se encuentran en grandes escenarios, sino en sus pueblos, donde la tradición continúa pasando de generación en generación y donde el patrimonio permanece vivo porque son sus propios vecinos quienes se encargan de representarlo.