
Juan Jiménez presenta en la feria zamorana La Cama Azul, un sistema de descanso elaborado con materiales naturales que incorpora una malla de cobre conectada a tierra y con el que pretende ofrecer una alternativa a las camas convencionales
¿Cuál es el mueble más importante de una casa? Aunque muchos podrían pensar en el sofá del salón o en cualquier otro elemento del mobiliario, Juan Jiménez lo tiene claro: la cama. «Pasamos un tercio de nuestra vida metidos en ella», recuerda. Y precisamente sobre esa idea ha construido La Cama Azul, un peculiar sistema de descanso que ha despertado la curiosidad de quienes recorren los expositores de Ecocultura, en el recinto ferial de Ifeza. A simple vista puede parecer una cama más, pero esconde una particularidad poco habitual: incorpora una conexión a la toma de tierra de un enchufe doméstico.
La propuesta parte de combinar materiales naturales con un sistema eléctrico pasivo. Lana merina, algodón ecológico y otros componentes de origen natural forman parte de unos productos que buscan diferenciarse de los tejidos sintéticos habituales. Jiménez destaca especialmente la lana merina, por sus propiedades de termorregulación y transpirabilidad. Pero el verdadero elemento diferenciador se encuentra bajo el cubrecolchón, donde una malla de hilos de cobre, integrada en un sistema que la empresa presenta como patentado, permite conectar la superficie a la toma de tierra de la instalación eléctrica de la vivienda. «La hemos convertido en un templo», explica al referirse a su particular concepción del descanso.
Y es ahí donde comienza la explicación más sorprendente. Según detalla Jiménez, el cobre actúa como conductor y permite derivar hacia tierra determinadas cargas eléctricas. Para ello, el cubrecolchón dispone de un cable que se conecta exclusivamente al contacto de tierra del enchufe, sin utilizar las conexiones de fase y neutro que suministran electricidad a los electrodomésticos. «La toma de tierra es, por así decirlo, como el desagüe», compara. Una particularidad que suele generar dudas entre los visitantes, especialmente por la idea de dormir sobre un elemento conectado a un enchufe. El responsable insiste en que el sistema no necesita alimentación eléctrica para funcionar, aunque su correcto uso depende de disponer de una instalación de tierra adecuada.
Para mostrarlo, Juan realiza una demostración con un multímetro y una bombilla. Primero enseña cómo varían las lecturas del aparato al acercarlo a la fuente eléctrica y después repite la operación utilizando un cojín elaborado con el mismo sistema de cobre y conexión a tierra. El indicador registra entonces valores inferiores, algo que utiliza para ilustrar el funcionamiento de su producto. «Esto no es que te ponga en una burbuja. No es un aislante, esto es descarga», aclara. La demostración permite visualizar una diferencia en la medición eléctrica, aunque por sí sola no demuestra que el dispositivo reduzca todos los tipos de campos electromagnéticos ni que produzca beneficios para la salud.
Precisamente en el terreno de la salud es donde Jiménez sitúa buena parte de su discurso. El responsable de La Cama Azul sostiene que la exposición cotidiana a dispositivos electrónicos, ordenadores o redes inalámbricas puede influir en el descanso y en determinadas sensaciones de fatiga. También defiende que la conexión a tierra puede favorecer el bienestar durante las horas de sueño. No obstante, estas afirmaciones deben distinguirse de la evidencia científica disponible: la Organización Mundial de la Salud señala que no se ha demostrado una relación causal entre los síntomas atribuidos a la llamada electrosensibilidad y la exposición habitual a campos electromagnéticos de baja intensidad. Asimismo, los estudios sobre los posibles beneficios de dormir conectado a tierra todavía son limitados y no permiten establecer conclusiones clínicas firmes.
Más allá de esta tecnología, Jiménez reconoce que apostar por materiales naturales tiene un coste superior al de utilizar componentes sintéticos. «Yo perfectamente podría poner este faldón de poliéster y bajarlo cien euros», explica, aunque insiste en que hacerlo supondría renunciar a una parte fundamental de la filosofía de la empresa. En Ecocultura, donde asegura encontrarse con visitantes interesados en el producto y personas que ya lo conocen a través de las redes sociales, busca dar a conocer esa particular combinación de tradición textil y tecnología. Una propuesta que convierte un objeto tan cotidiano como la cama en uno de los elementos más curiosos de la feria zamorana, planteando una pregunta poco habitual antes de acostarse: ¿y si el colchón también pudiera conectarse a tierra?