
La tradicional ceremonia castrense, aplazada al martes debido al luto oficial, reunió a autoridades civiles y militares en una fría mañana marcada por la entrega de la corona de laurel, el silencio y las salvas de honor.
El cementerio municipal de San Atilano ha acogido este martes el tradicional acto castrense de homenaje a los militares y servidores públicos fallecidos en acto de servicio, una cita que habitualmente se enmarca en la festividad de los Fieles Difuntos pero que en esta ocasión tuvo que retrasarse al 3 de noviembre a consecuencia del luto oficial decretado por el trágico accidente ferroviario de Urda.
La ceremonia, desarrollada bajo una mañana fría y soleada, transcurrió en un ambiente de profunda sobriedad, respeto institucional y recuerdo hacia quienes perdieron la vida cumpliendo con su deber.
El acto estuvo presidido por el coronel Óscar Javier Nogés Santaló, actuando en calidad de mando accidental de la zona militar de Salamanca, y contó con la destacada asistencia de una amplia representación de autoridades civiles y militares de Zamora, mandos y efectivos de la Guardia Civil y del Regimiento de Ingenieros número 11 de Salamanca.
Durante el desarrollo de la ceremonia militar, sobria y de breve duración, se procedió a la solemne entrega de una corona de laurel en memoria de los caídos. El solemne toque de oración, el riguroso silencio compartido por todos los asistentes y el posterior disparo de las salvas de honor cerraron un acto con el que Zamora detuvo simbólicamente su jornada para mantener vivos los honores y el reconocimiento colectivo hacia los servidores públicos que ya no están.







