La familia rojiblanca celebra el ascenso en un año marcado por la tristeza de la pandemia respetando la petición del club de no acudir a bañarse a La Marina

Los jugadores terminaron el partido abrazados y la mayor parte de ellos con las lágrimas surcando sus mejillas. Una extraña mezcla de alegría y emoción en una jornada histórica en la que el Zamora CF ha certificado un ascenso por el que llevaba luchando cinco largos años.

Abrazados, sobre el césped aún, los jugadores entonaron un emocionante “adiós a Tercera, adiós”.

En la capital, mientras tanto, los aficionados se echaron a las calles para celebrar un ascenso que sabe a gloria y que viene a recompensar el trabajo realizado por un equipo que lleva años acariciando la Segunda B.

El club había pedido que no se acudiera a la fuente de La Marina, así que los aficionados se tuvieron que conformar con pasear por el centro de la capital con sus coches haciendo sonar sus claxon y sacando por las ventanillas las banderas rojiblancas.