Cascada de Abelón

Sotillo, Abelón, Las Pilas, Aguas Cernidas, Los Vados… rincones llenos de encanto que ofrecen la posibilidad de disfrutar de una experiencia inolvidable.

La presencia de diversos cauces de agua en la provincia de Zamora da lugar a numerosos saltos de agua diseminados por todo el territorio provincial. Estos, en gran medida, dependen para su subsistencia de la estación del año y del régimen de lluvias invernal y primaveral, aunque algunos persisten durante todo el año para deleite de los amantes de la naturaleza.

Entre todas las cascadas presentes en la provincia de Zamora, la más espectacular y frecuentada se encuentra en Sotillo de Sanabria. Este impresionante salto de agua se esconde en lo más profundo de la sierra, requiriendo una caminata de cinco kilómetros desde el pueblo que le da nombre. A pesar de la dificultad del camino, la recompensa es la contemplación de una cascada que se desploma verticalmente, casi oculta por un bosque autóctono de robles, castaños y acebos.

La ruta hacia la cascada de Sotillo es una de las más transitadas por los excursionistas que exploran la comarca de Sanabria. A diferencia de otros saltos de agua que se desvanecen en verano debido al escaso caudal de los ríos que los alimentan, esta puede visitarse en cualquier época del año, asegurando el espectáculo de ver cómo el agua se estrella contra las rocas del lecho.

Otra cascada de visita obligada se localiza cerca del pueblo de Abelón de Sayago, en una zona más árida y seca que Sanabria pero que en tiempos de abundancia de agua, garantiza la contemplación de un salto de agua de singular belleza. La visita a la cascada de Abelón también implica un largo paseo, pero ofrece como recompensa un paisaje encantador, con los Arribes del Duero como telón de fondo y una cascada que se precipita entre bloques de granito con un estruendoso ruido.

No muy lejos está la cascada de Las Pilas, en Almaraz de Duero, localidad que presume de ser el origen de los famosos Arribes. Similar a la de Abelón, es aconsejable visitarla en períodos de lluvias abundantes, ya que en verano apenas lleva suficiente agua. El acceso a la zona también requiere un agradable paseo de cuatro kilómetros, pero vale la pena para contemplar el salto de agua vertical sobre una poza conectada luego con el Duero. La visita tiene un atractivo especial, ya que desde la parte inferior de la cascada se puede ascender a la parte superior a través de una escalera tallada en la roca y un pasadizo excavado en el granito, ofreciendo vistas impresionantes.

Menos conocida que las anteriores, la cascada de Los Vados brinda a los caminantes la oportunidad de disfrutar de un hermoso espectáculo de agua en San Ciprián. Sin embargo, la ruta completa de ida y vuelta abarca casi diez kilómetros, atravesando un hermoso paisaje por el valle del río Trefacio, donde los excursionistas pueden disfrutar de elementos de la vida rural, como corrales de piedra y caminos de arrieros.

La cascada de La Palia, en Carbajales de Alba, es más accesible que la anterior. La ruta, la más sencilla de Zamora, apenas abarca cuatro kilómetros de ida y vuelta. Ideal para visitar con niños, se recomienda explorarla durante períodos de lluvias generosas.

La última de las cascadas en la provincia, pero no menos espectacular, es Aguas Cernidas, en el municipio de Cobreros. El acceso a esta impresionante cascada no es sencillo, ya que la caminata hacia su base dura cerca de tres horas.

El recorrido comienza paralelo al Camino de Santiago, partiendo de la plaza de Terroso para adentrarse en un valle espectacular donde abunda la vegetación autóctona, como helechos, robles y abedules.

Menos accesibles por vía terrestre son las cascadas que se distribuyen a lo largo de los Arribes del Duero, apareciendo ante los excursionistas que navegan el río en barco o piragua.

Esta última opción resulta especialmente atractiva, ya que en algunos casos es posible acercarse hasta la base de las cascadas y disfrutar del estruendo y del espectáculo de ver cómo el agua se precipita sobre el Duero. Estas cascadas, formadas por el agua que fluye de pequeños arroyos, están fuertemente condicionadas por las lluvias, siendo difícil de contemplar durante la sequía estival.

 

 

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