El 94% de los municipios donde se realizó la recogida se encuentra en el medio rural

SIGAUS, el sistema integrado de gestión de aceites usados, recogió el año pasado en Castilla y León 11.258 toneladas de aceites usados y prestó servicio a 5.000 establecimientos que generaron este residuo.

Realizó la recuperación a través de más de 10.000 recogidas registradas y atendiendo con ello a 5.036 establecimientos productores repartidos en 1.019 municipios (que abarcan al 90,7% de la población de la comunidad autónoma). 2.562 de estos establecimientos tenían que ver con la automoción, 857 eran industrias y 1.617 realizaron otras actividades (construcción, servicios o instalaciones de la Administración, entre otras).

Debido a la amplia diversidad de usos del aceite lubricante (desde todo el parque de vehículos a la maquinaria agrícola, y desde una gran industria a un pequeño transformador de un lugar remoto), el aceite usado se genera de forma muy fragmentada y dispersa geográficamente, por lo que resulta crucial dar cobertura a todos los puntos del territorio de Castilla y León, incluyendo las zonas rurales y alejadas de los grandes focos de población y actividad económica, donde los costes logísticos de la gestión del residuo se multiplican.

En Castilla y León, durante 2019, el 94% de los municipios en los que SIGAUS recogió aceites usados son rurales. En ellos atendió a 2.501 productores. Asimismo, se atendió a 1.226 productores en zonas de montaña y a 1.286 situados en localidades de menos de 1.000 habitantes. Y se registró una intensa actividad en zonas de alta vulnerabilidad ambiental.

En concreto, en el entorno de espacios protegidos, se atendió en 2019 a un total de 247 productores del residuo en 25 espacios, recogiéndose un total de 307 toneladas de aceites usados.

En lo que respecta a la recogida en el entorno de recursos hídricos, otra de las zonas más sensibles en materia de contaminación (por generarse este residuo en estado líquido y presentar tan baja biodegradabilidad), en 2019 se atendieron en estas zonas (ríos, embalses, lagos y otras zonas sensibles) a un total de 177 productores de aceites usados, que generaron 217 t de residuo.

Una vez recogido, el aceite usado se traslada a instalaciones especializadas para su análisis previo y tratamiento final con el objetivo de que pueda ser 100% aprovechado, bien como base lubricante para la fabricación de nuevos aceites (regeneración) o bien como combustible de características similares al fuel óleo (valorización energética).

En el caso de Castilla y León, el aceite usado finalmente gestionado, una vez retirados los impropios de agua o lodos que puede contener el residuo, fue de 9.788 toneladas, de las que un 64% se destinó a regeneración, el tratamiento prioritario por sus importantes beneficios ambientales y económicos, mientras que el 36% restante se valorizó energéticamente.

Gracias a la regeneración, en 2019 fue posible retornar al mercado en Castilla y León un total de 3.931 t de nuevos lubricantes. Además de la obtención de estas materias primas (para las que, de no contar con el aceite usado, se hubieran necesitado casi 2 millones de barriles de petróleo), la regeneración es un proceso que aporta importantes beneficios en la lucha contra el cambio climático y que, en el caso de Castilla y León, supuso evitar la emisión a la atmósfera de un total de 4.188 toneladas de CO2.

Por su parte, el aceite usado valorizado energéticamente con el objetivo de fabricar combustible de uso industrial permitió ahorrar una energía equivalente a 3,2 GWh, y 362.000 barriles de petróleo.

Trabajar para ser parte de la solución
En palabras de Eduardo de Lecea, director general de SIGAUS, “somos parte de la reconstrucción verde que toca emprender ahora. Los sistemas de gestión de residuos tenemos mucho que aportar en este sentido, ya que llevamos muchos años trabajando para que determinados residuos, como el aceite usado, estén controlados y no impacten en el medio ambiente.

Nuestro conocimiento nos permite hacer esta gestión eficaz y sostenible”. Añade que “estamos viendo que los programas de reconstrucción económica y social se alinean con los planes de lucha contra la crisis climática y la pérdida global de biodiversidad. Porque todos nos hemos dado cuenta de que no solo está en juego nuestro medio ambiente, sino también nuestra economía, nuestro bienestar… e incluso la salud de la humanidad”.