Foto: Zamora CF

El Zamora compitió y dio la cara ante el mejor equipo de la categoría, pero sucumbió gracias a una maravilla de David Concha y a un penalti de Dani Aquino. Ahora, toca sentar las bases de cara a la próxima temporada

Raúl Nieto

No pudo ser. El Zamora se quedó con la miel en los labios en su lucha de disputar la final de la fase de ascenso y tener a 90 minutos la División de Plata. Tuvo que repetir el técnico vasco alineación ante la infinidad de bajas con las que contaba, incluido el cordobés Adrián Crespo, que tuvo que ser sustituido en el minuto 8 al recaer en el primer encontronazo.

Y eso que el Zamora salió mejor que el Badajoz. Firme en la presión y siendo incisivo arriba para llevar el miedo a la parroquia pacense. Un testarazo, precisamente, de Adrián Crespo a la salida de un córner fue la mejor ocasión de los rojiblancos. Una prodigiosa mano de Kike Royo evitó el tanto del central cordobés, instantes antes de tener que ser sustituido.

El cambio en el esquema no amilanó a los rojiblancos, que, aunque sin ocasiones, tenían el partido más hacia sus intereses que hacia los del Badajoz. Pero cuando enfrente hay un rival que tiene calidad a raudales, cualquier detalle es decisivo. Un balón suelto en el piquito de área le cayó a David Concha, que colocó el balón en la escuadra de Jon Villanueva.

El 1-0 sentó excesivamente mal a los de Movilla, que pedían el descanso a gritos ante un Badajoz que olía sangre. Fue una jugada individual de Tomás Sánchez la que terminó de romper el partido. Una internada del lateral izquierdo pacense terminó con un derribo de Jon Villanueva en forma de penalti y con la transformación del mismo de Dani Aquino.

Tras el tiempo de asueto, el Zamora intentó ir arriba, pero físicamente fue imposible. Aún así, mediante centros laterales los rojiblancos tuvieron la opción de llevar peligro, aunque siempre sin remate. El Badajoz supo dormir el partido y terminó por clasificarse ante un Zamora que cayó de pie, sin perder la cara en ningún momento a la eliminatoria y con la sensación de que la primera piedra del proyecto, está más que puesta.