Este colectivo asegura que una vez comiencen los trabajos elementos como el arsénico, el cadmio y metales pesados podrían llegar a los acuíferos de la zona

Las minas de wolframio, tanto en España como en Portugal cuentan con un extenso historial relacionado con la contaminación del medio ambiente, y en consecuencia con la salud de los habitantes de las zonas donde se instalan. Uno de los elementos más peligrosos asociados a esta actividad es el arsénico, que ya en las muestras tomadas “supera los límites publicados en las diferentes comunidades autónomas” según el propio proyecto elaborado por la empresa.

En el caso de la mina que se pretende abrir en Calabor, la particular orogenia de la zona, y que permite, a su vez, la existencia de aguas termales, podría verse afectada por los residuos producidos por la mina, ya que las fracturas que el agua aprovecha para ascender podrían ser también un fácil sumidero para dichos residuos. A día de hoy no están claros los canales de circulación de las aguas subterráneas, pero cabe la funesta posibilidad que a los elementos que las hacen especiales (bicarbonatos, sodio, sílice, calcio, potasio, etc.) hubiera que añadir el arsénico, el cadmio, además de ciertos metales pesados, una vez comiencen los trabajos de excavación de la mina.

De hecho, el enorme movimiento de tierras que implica abrir una corta de casi 2 kilómetros de largo por 270 metros de ancho y una profundidad de 150 metros significa que al mismo tiempo se movilicen numerosos minerales, hasta entonces no tocados ni expuestos al contacto con el aire o los numerosos cursos de agua que discurren por la zona afectada. Existe por tanto un riesgo alto de que el estado químico de estos minerales se altere y al mezclarse con las aguas, se contaminen, especialmente teniendo en cuenta que el proyecto de esta mina prevé situar una de las escombreras en el cauce del arroyo Cuballón, que fluye al río Calabor.

A esto se suma la ingente necesidad de agua que una mina como la proyectada en Calabor precisa: se menciona en el proyecto que el agua demandada por todas las instalaciones previstas asciende a unos 20 metros cúbicos por hora, que al año suman 172.272 m³, una demanda que deberá cubrirse con los recursos hídricos que existen, es decir realizando captaciones de aguas subterráneas o de las pluviales, incluso captaciones del río Calabor. Por tanto afectaría a un descenso de los niveles de esos acuíferos y a la calidad del agua , con el riesgo que todo ello implica de degradar el entorno de todo el territorio colindante.

Todos estos peligros demostrados para el medio natural y para la salud humana no han sido descritos ni explicados suficientemente a la población, no solo a la que habita en Calabor y pueblos adyacentes sino a toda la comarca de Sanabria y de la limítrofe Montesinhos, en Portugal.

El arsénico, un peligro para las personas y el ganado

Diferentes investigaciones del CSIC llevadas a cabo en terrenos donde se instalan minas a cielo abierto de wolframio demuestran que los residuos siguen conteniendo arsénico decenas de años después de haberse terminado la actividad, como es el caso de la mina de wolframio abandonada en las faldas del monte de San Pedro, en Guadalix de la Sierra, una mina que tuvo su apogeo en los años 40 del siglo XX.

El arsénico que se libera del cuarzo al extraer el wolframio era la causa de que enfermaran muchos de los mineros de las minas de wolframio, pero también de que quedaran contaminadas amplias zonas de Galicia, en las comarcas de Barbanza, Bergantiños, Xallas o Valdeorras. Un conocido ejemplo es el Monte Neme (cerca de A Coruña), que alberga un paradisíaco lago turquesa que fue noticia hace un par de años por quedar envenenadas varias personas cuando se bañaban en él con el fin de subir una foto a Instagram.

También el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca viene alertando sobre los peligros del arsénico en las proximidades de la antigua explotación de wolframio de la localidad salmantina de Barruecopardo. Según la investigación llevada a cabo, los valores de arsénico superan hasta en 20 veces las recomendaciones internacionales para tierras de pasto por lo que son un peligro evidente para la ganadería extensiva de la comarca, y en consecuencia también para las personas.