Carlos Ramos salvó los penaltis en el minuto 123 con un gol marca de la casa, desde fuera del área, y Fermín Sobrón detuvo el definitivo en la tanda

No es fácil realizar una crónica de un partido así. Primero, porque han pasado muchas cosas en más de dos horas de fútbol, y segundo, porque nadie que haya estado en el Ruta de la Plata hoy, de primeras, tiene muy claro de lo que ha pasado, y se tardará tiempo en asimilar. En cualquier caso, podemos afirmar que la Copa del Rey es mágica, y que al Zamora, las citas grandes también se lo parecen.

Convenció Movilla y sorprendió también con algunas piezas. Por ejemplo, la entrada al once de Roger Marcé en la banda izquierda o Luis Rivas en la punta de lanza. Y con ese planteamiento, el Zamora se replegó atrás y esperó una posible contra. No hubo ocasiones locales, solo dos ocasiones santanderinas, la primera en las botas de Ekain, tras un fallo de Juanan que se durmió con la pelota en el área.

Parecía que iba a llegar el tiempo de asueto con el resultado gafas a pesar del dominio cántabro. Porque el dominio del Rácing fue abrumador a pesar de que no hubo ocasiones. Pero, por caprichos del fútbol, se dice que cuando perdonas, pagas. Ekain perdonó la suya, pero no lo hizo Luismi Luengo. El de Badajoz cabeceó en semifallo un córner lanzado por Carlos Ramos, la pelota se envenenó, tocó en el palo y se coló en la meta de Miquel Parera, que seguramente, pudo hacer más.

En la segunda entrega, el guion no cambió en absoluto. De hecho, fue el Racing el único que atacaba. Salvo llegadas esporádicas, no pasó nada en el área de los visitantes. Por contra, el Zamora defendió con uñas y dientes cada llegada cántabra, en lo que fue un asedio descomunal. Se llegó al tiempo de descuento y el Zamora seguía en pie, con todo de cara para la machada, pero el único desbarajuste supuso el empate en el marcador. Andrés remachó a puerta vacía. 1-1, tiempo extra.

Después de muchos años, tocaba prórroga en el Ruta de la Plata. Enfrente un Rácing que había quemado naves para buscar el empate en el tiempo reglamentario. La primera parte de la prórroga pasó sin consecuencias, pero el inicio de la segunda fue demoledor. Una jugada suelta en el área terminó en penalti -posiblemente inexistente- a favor del Racing. Peque anotó el 1-2 y pareció sentenciar el duelo.

El Zamora, más con fe que con fuerza, se echó arriba. Lo buscó de todas las maneras, sobre todo con una ocasión de Pito Camacho que salvó el portero. Cuando parecía imposible, cuando ya era un intento desesperado, golpeó Carlos Ramos. El disparo se estrelló en la zaga, recogió la pelota el Zamora, volvió a colgar arriba, volvió a sacar el central y la pelota volvió al 10. Sin pensárselo, volvió a probar suerte. Folla seca y a la escuadra. Y delirio. Fue el 2-2 de una primera ronda de Copa del Rey pero podría parecer una final de Champions. No se recordaba nada igual en el Ruta en mucho tiempo.

Quedaba solo un paso para terminar de hacer historia: los penaltis. Y ahí, el Zamora jugaba con ventaja. No en cuanto a calidad, pero sí en cuanto aspecto psicológico. Tanto fue así que el Rácing empezó fallando. Los siguientes penaltis fueron dentro. Carlos Ramos, Pito Camacho, Theo y Etxaburu por lado local, y Morante y Grenier por el lado cántabro. El definitivo iba para Peque. Si anotaba, tendría que lanzar el quinto el Zamora. Si no, se acabó un partido histórico. Era el turno de Fermín Sobrón, un portero que ha reconocido que su baja estatura le ha privado de competir más arriba. Después de tanto prejuicio, le tocaba ser protagonista en un escenario inmejorable. Y el riojano, ágil como siempre adivinó el lado del lanzador y metió al Zamora en la Segunda Ronda.

Y ese fue el broche final. Un partido histórico que pasará precisamente a eso, a la historia. Ahora, toca el Villalbés, equipo revelación, pero desde luego, el Zamora compite en todos los sitios. Se ha vuelto a corroborar.

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