Los partidos ante Rácing y Villarreal recuperaron el orgullo que perdió la institución durante los últimos tiempos

El año 2023 es un año de contrastes para el Zamora. Tanto, que aquel partido frente al Cristo Atlético en La Balastera, el primero del año, y que desencadenó pólvora explosiva en el área deportiva, con las polémicas salidas de Jesús Rueda y Marc Caballé, parece mucho más anterior. Pero la realidad es que aún no han pasado 12 meses.

Poco queda de aquel Zamora salvo las sensaciones en el último mes. Las llegadas de Charly, Galas y de Theo Chendri parecieron mejorar una plantilla que no estaba ofreciendo ni de lejos las prestaciones esperadas. El comienzo de 2023 fue relativamente bueno, peor a partir de marzo, tras una derrota por 0-2 ante el Vetusta cuando estaba en posiciones de play-off, le hizo volver a caerse.

Solo un milagro “salvó” -y harían falta muchas más comillas, porque entrar de rebote al play-off cuando el objetivo era quedar líder destacado no es que fuese para tirar cohetes- la temporada. Cuando todo parecía perdido, el Guijuelo se desinfló hasta hundirse y el Zamora sacó petróleo de los pocos aciertos que tuvo en el tramo final para colarse quinto. En cualquier caso, el Alavés B, que en la siguiente eliminatoria no ascendió, ni siquiera marcó, sacó los colores a los rojiblancos con un 4-0 que evidenciaba el enésimo proyecto fallido, y además, supuso la salida de Yago Iglesias.

Fue un punto de inflexión. El club, que aparte de la apatía deportiva, estaba transmitiendo una desidia social, guardó hasta veinte días de silencio después del batacazo. Una eternidad, que, para muchos, mereció la pena, porque la actualidad volvió a lo grande: salió César Villafañe y regresó David Movilla. La gente se mostró más feliz en aquellos días de julio que tras la consecución del play-off en mayo.

Con una plantilla renovada, el Zamora empezó la 2023-24 a velocidad de crucero, sin recibir un solo gol (salvo los cuatro del Pontevedra) y liderando con autoridad el grupo I de Segunda RFEF. Pero especialmente sonados fueron los partidos de la Copa del Rey. El equipo tiró de casta en ambos, mostró una imagen diametralmente opuesta a la de la temporada anterior, y para colmo, ante el Rácing de Santander se vivió un partido histórico, de esos que se recuerdan con el paso de los años… y de las décadas. Lo tuvo todo: emoción, goles, sustos, paradones, prórroga, penaltis… y dos goles en última jugada. Carlos Ramos en el último suspiro de la prórroga, y Fermín Sobrón en el último penalti de la tanda hicieron historia. Una historia que a nada estuvo de ampliar Etxaburu con su testarazo al Villarreal, pero el infortunio impidió que el Zamora se cargase a un campeón de Europa League.

Ahora, el Zamora enfrenta el 2024 a un punto de los líderes, Ourense y Pontevedra, y con la sensación de que el parón era más que necesario, porque el último mes ha sido muy distinto a lo ofrecido desde agosto, pero también con la certeza de que el bajón era esperable y que tenía que ocurrir.

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