Un problema con el alcohol que «antes en los bares se notaba menos y ahora en casa se nota más»

Las peticiones de ayuda dirigidas a la asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Zamora (ARZA) se han incrementado considerablemente en los últimos meses, en concreto un 30% más. Un problema que ha dejado constancia también en las ventas de alcohol en las grandes superficies que han aumentado un 80%.

“Muchas personas se han dado cuenta de que tienen un problema con el alcohol. Antes no lo reconocían pero ahora al estar más tiempo en casa, se han dado cuenta”, explica Miguel Rojo, presidente de ARZA. Y es que el primer problema del alcoholismo es que no se quiere reconocer que hay un problema.

“Antes de la pandemia, muchos enfermos pensaban que lo que bebían era normal. Pero lo normal, no es lo normal y ahora al estar en casa más tiempo se han dado cuenta e incluso han notado como al no tener el producto crecía su nerviosismo”, añade Rojo.

Un problema del alcohol que antes en los bares se notaba menos y “ahora en casa se nota más”. Y es que en muchas ocasiones son los familiares los que llaman a la asociación de alcohólicos para pedir ayuda.

Una vez que se recibe la llamada, sea del enfermo o de algún familiar, comienza el proceso que es diferente según el caso. Cuando la persona acude por su propia voluntad se entrevista con la psicóloga que emite una valoración para saber necesita ser derivado a psiquiatría, después se inicia la terapia individual para pasar a las terapias de grupo “de los nuevos”. No obstante, cuando son las familias las que piden ayuda, se actúa distinto ya que hay que hacer ver al enfermo el problema.

“Si no quiere ir por su propia voluntad, lo visitamos y lo invitamos a qué venga a una reunión”, relata el presidente de ARZA. Una vez allí, cambian la visión que tienen sobre la asociación y se dan cuenta de que “somos una familia” y cómo se les puede ayudar.

“Intentamos buscar soluciones a estas personas para que se den cuenta a dónde les está llevando el alcoholismo”, apunta.

Pasados unos meses, el cambio es grande y empieza a recuperarse la autoestima perdida. “Aprendes a ser persona otra vez. Con el alcohol no eres persona, pierdas tu autoestima”, subraya.

Sin embargo, lo difícil es aprender a vivir sin el alcohol. “Es una enfermedad crónica que solo se cura si no se bebe. En el momento en que se bebe ya tiene que seguir bebiendo, el cuerpo te lo pide. La terapia es aprender a tener la escopeta cargada para saber que no se puede beber”, dice el presidente de la asociación zamorana de Alcohólicos Rehabilitados.

Una lucha contra el alcohol que no ha parado en ningún momento, ni durante el confinamiento. Durante esos meses, el seguimiento era por teléfono y cuándo se detectaba el menor signo de alarma se hablaba con la familia. “Hemos estado con ellos en todo momento ya que esto nos ha cambiado mucho, ha cambiado nuestras vidas. Mas estrés, las mascarillas, el estar más en casa… todo ello ha perjudicado a la rehabilitación pero gracias al seguimiento tan sólo una persona ha recaído”, cuenta Rojo.

Recaídas y más personas jóvenes que precisan de la intervención de la asociación en estos difíciles tiempos en los que recuerdan que tienen sus puertas abiertas para ayudar a quien lo necesite. El primer paso, una llamada que cambia vidas al teléfono de ARZA 980 51 52 72.