Primero fueron las primarias, después el congreso provincial. Tuvieron Antidio Fagúndez y Tomás del Bien la oportunidad de restañar las heridas en el seno del PSOE en estos meses pasados pero o no quisieron, o no han podido.

Primero fueron las primarias, a las que se llegó con dos listas por la cerrazón de ambos candidatos a ceder el número uno de la lista. Los dos lo quisieron todo, pero solo podía ganar uno. Lo ajustado de los resultados es esas primarias, que cada vez se presentan más nocivas para los socialistas, ha hecho que de aquellos polvos llegaran los actuales lodos.

Después el congreso provincial, al que se llegaba con una ejecutiva monocolor, sirvió para escenificar otra cruenta batalla interna que ha servido para echar más sal en unas heridas que nunca cierran.

Las abstenciones endilgadas por los partidarios de Tomás del Bien, que hay que recordar no se presentaba a nada, emponzoñan un poco más el ambiente interno de un partido que sigue roto y que parece dispuesto a reverdecer viejas batallas cainitas en los próximos meses en busca de una debacle electoral que pruebe que todo lo que está mal, muy mal, casi destrozado, es susceptible de ser empeorado.

El caso es que el PSOE de Zamora arranca una nueva fase de su casi siempre truculenta historia con el personal tan dividido y enfrentado como siempre. Los odios siguen tan frescos y vigorosos como siempre y solo la aparente cordialidad con la que se dedican elogios mutuamente Fagúndez y Del Bien sostiene el andamiaje de las apariencias.

Vendrán meses ahora de aparente calma, pero las navajas siguen dispuestas y sedientas de sangre y venganza.

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