Una veintena de localidades revive estos días las fiestas de antruejos, celebraciones tan antiguas como la propia provincia que viven ahora un inusitado éxito de participación ciudadana

La llegada del invierno marca en la provincia de Zamora el inicio de las fiestas de antruejos, celebraciones tan arcaicas que hunden su origen en un momento de la historia en el que el tiempo no se medía por años sino por estaciones. Zamora conserva una veintena de estas celebraciones, repartidas por otras tantas localidades de la provincia. En estos tiempos, tras años de olvidos y decadencia, las mascaradas se han puesto de moda y todas las fiestas disfrutan de un inusitado éxito de participación.

Las mascaradas, según muchos investigadores, representan de una forma u otra una lucha entre el bien y el mal. Para otros, son rituales de purificación y fertilidad. Todas, sin embargo, tienen elementos comunes como lo estrambótico de los disfraces, los golpes y las persecuciones de los antruejos al público, el sonido de los cencerros, la utilización de la ceniza y grandes tenazas articuladas. El personaje principal de cada una de las celebraciones suele hacer un recorrido por el pueblo, solo o acompañado por otros personajes, para pedir el aguinaldo, llamar casa por casa, perseguir a los vecinos, celebrar la llegada de las autoridades y hacer en ocasiones, una auténtica crítica social como ocurre en las representaciones más teatralizadas.

Para impulsar estos antruejos, la Diputación puso en marcha el año pasado la iniciativa MascaraZa, una federación de asociaciones locales de mascaradas, con la que se pretende fomentar, conservar y recuperar todos estos festejos.

Otro de los objetivos fundamentales de MascaraZa y de la Diputación Provincial va a ser la consecución para las mascaradas de Zamora de la declaración de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en colaboración con los vecinos portugueses, donde la tradición de los antruejos tiene también un gran arraigo.

En estos momentos, la federación agrupa a una quincena de asociaciones de otras tantas mascaradas. Otra decena está en fase de recuperación para su integración en el futuro. Un número de mascaradas que podría terminar superando la treintena.

La celebración de estas fiestas de antruejos da comienzo el 26 de diciembre en localidades como Sanzoles, Ferreras de Arriba, Pozuelo de Tábara y Villarino tras la Sierra, para terminar el día 6 de enero en Montamarta.

El día 26 tiene lugar la actuación principal del Zangarrón de la localidad de Sanzoles, una fiesta declarada de interés turístico regional. Es el mismo día que se celebran también mascaradas en Ferreras de Arriba, la Filandorra, Pozuelo de Tábara, donde el personaje central es el Tafarrón, y Villarino tras la Sierra, donde salen a la calle el Caballico y el Pajarico desde primera hora de la tarde.

Zangarrón de Sanzoles

Vigo de Sanabria es otro de los pueblos que ha recuperado en los últimos años una mascarada tradicional, a través de la Talanqueira o Visparra, que se celebra también a lo largo de la tarde del 26 de diciembre

El día 1 de enero, hay que cumplir a primera hora de la mañana con el Zangarrón de Montamarta y con los Diablos de Sarracín de Aliste y a mediodía con los Carochos de Riofrío. En torno a las tres de la tarde es preciso llegar a Abejera para ver las luchas de los Cencerrones y rematar la jornada de nuevo en Riofrío.

Zangarrón de Montamarta

El día 5 por la tarde, a partir de las tres, San Martín de Castañeda es un buen destino para escuchar los cencerros de la Talanqueira o Visparra y el día 6 de enero, para cerrar el ciclo de las mascaradas que se viven a la entrada del invierno, el protagonismo absoluto lo tiene el Zangarrón de Montamarta.

No resulta fácil seguir todas las celebraciones y exige de una planificación detallada acudir a las diferentes localidades para seguir los espectaculares desfiles protagonizados por los antruejos. En cualquier caso, el buen momento que viven todas estas fiestas hace que haya caído el miedo de otros tiempos de que cada celebración fuera la última por la falta de público y voluntarios para participar. Pese a la despoblación y el envejecimiento de la población rural, lo cierto es que las mascaradas se han instalado en el corazón de los vecinos que han dicho con su masiva presencia en estas fiestas y su apoyo incondicional para su conservación, incluso, para su recuperación, que no están dispuestos a perder este rico patrimonio cultural.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí