Se trata de un Nacimiento barroco instalado por la Agrupación Belenista La Morana de Zamora

Como este año 2023 se celebra el 800 aniversario del primer Nacimiento de San Francisco de Asís, la familia franciscana ha sido autorizada por la Penitenciaría Apostólica a conceder una indulgencia plenaria a los fieles bajo ciertas condiciones con el fin de «promover la renovación espiritual de los fieles y desarrollar la vida de la gracia para los fieles que visiten las iglesias atendidas por familias franciscanas en todo el mundo y se detengan ante los belenes allí instalados”.

Esto es posible desde el 8 de diciembre de 2023, fiesta de la Inmaculada Concepción, hasta el 2 de febrero de 2024, fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo. Además de meditar u orar ante un Nacimiento «franciscano», la indulgencia la concede la Iglesia con tres condiciones: recibir el sacramento de la penitencia, recibir la comunión eucarística y rezar por las intenciones expresadas por el Papa.

En la documentación que guarda el archivo del Convento del Tránsito se conserva la reseña realizada por una de las hermanas que registra la llegada al Monasterio el 29 de agosto de 1619 de las figuras del Nacimiento enviadas desde Flandes por D. Juan de Osorio, sobrino de Doña Ana de Osorio, donante del palacio dónde se estableció el Monasterio.

De este conjunto heterogéneo de autores desconocidos y diferentes técnicas de ejecución que forma en la actualidad el Nacimiento del Convento del Tránsito presentamos las piezas centrales correspondientes al Misterio del Belén grande, esto es María, José y el Niño Jesús, y que fueron el germen del  conjunto belenista de tamaño natural que poseyó el Monasterio, del que apenas se conservan varios juegos de manos, una cabeza en muy mal estado, la cabeza del Padre eterno, una paloma y la figura de Menga, todos ellos recientemente restaurados por la Agrupación Belenista “La Morana” de Zamora en 2008. Algunas de estas figuras de papelón terminaron sus días como espantapájaros en la huerta del Monasterio. El conjunto de Reyes, dromedarios, un ángel y trece pastores que se presentan en el montaje de este año realizado por “La Morana” siguiendo la tradición de los altares de Pascuas, pertenecería a otro belén en el que la Virgen conocida como “la sentadita” y la figura del “tamborilero” formarían la Sagrada Familia.

En 1598, la popularidad de los nacimientos en Zamora debía ser grande, ya que el Cabildo Catedralicio encarga la talla del suyo a Juan de Montejo, en plenas obras del nuevo claustro y la fachada norte destruidos por un fuego el 21 de Junio de 1591, tal vez para sustituir a otro destruido en el voraz incendio. La costumbre de instalar el belén en los domicilios particulares debía ser usual en los siglos XVI y XVII en Zamora, a tenor de las escasas pero contundentes informaciones encontradas en la documentación de la época. Excepcional resulta el diario de Antonio Moreno de la Torre que nos ilustra acerca de la vida cotidiana, la historia y el arte en la Zamora del Barroco. Caso especialmente reseñable constituía el exorno de la fachada del Monasterio de las Descalzas en la Rúa Zamorana para la fiesta del Corpus en la que durante varias semanas trabajaban varios carpinteros y pintores instalando un auténtico retablo al aire libre, donde el pueblo zamorano gustaba de observar las vestimentas de Blas y Menga (dos pastores del Belén del convento) que exhibían la moda llegada de la corte junto con la Tarasca.

En la Pascual de Navidad de 1673 escribía en su diario Antonio Moreno lo siguiente: “los maitines en la Catedral fueron buenos; los villancicos de gracia. En Santa María la Nueva los parroquianos tuvieron misa del gallo, danza con obra al Misterio de la Cruz de moros y cristianos, entremés lo hay y otras cosas graciosas; y con esta se festejaron (en los) conventos y casas particulares. En casa de las hijas de Roque López hubo nacimiento, de muchas cosas curiosas, con diferentes misterios, circuncisión, adoración de los reyes, que a todas horas había mucha gente. Otros años lo hacían, pero este salieron más lucidas. Buena devoción”.

De la misma manera en 1676 el merino mayor de la ciudad de Zamora anotaba  “ … y a la tarde a San Francisco, domingo del cordón, y había nacimiento y con máquina de títeres que bailaban y el ángel salió abriéndose una granada, y bajaba danzando, y famosas cosas y diferentes, gaita zamorana, otro comiendo papa, otro tomando tabaco de humo y otro con su almirez, zapateado cosiendo, los frailicos por dentro, lo hacían a lo vivo. La gente era mucha, el órgano nuevo suena bien.”

Estamos pues ante montajes de carácter devocional, que toman el concepto nacimiento-altar (yuxtapuesto totalmente al actual belén-maqueta) con el lenguaje de la iconografía de la religiosidad popular. Así pues, tenían cabida todo tipo de pasajes bíblicos que justificando la historia de la salvación, argumentaban la navidad de Cristo en la tierra a ojos de los creyentes.

Usualmente se recurría a figuras de papelón, tela encolada, cera, o siluetas de recorte para realizar los  montajes navideños, bien aderezados de tafetanes, guirnaldas, colonias de seda, flores de tela y papel … alumbrándose con lámparas y candelas. Por las descripciones conocidas se estructuraban en gradas, donde se alojaban las escenas, siempre coronadas con usual gloria o el Padre Eterno, en un alarde de ingeniosas tramoyas, que se complicaban a medida que se aumentaba el presupuesto del montaje. Las diferentes parroquias y monasterios rivalizaban en el montaje y adorno del “altar del nacimiento”, así como en la solemnidad de los cultos de Navidad y Reyes con la puesta en escena de obras dramáticas, danzas y con la interpretación de cuidados villancicos con orquestas y coros, a menudo contratados para la ocasión.

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