El exfutbolista vasco presenta hoy en Zamora su libro “Subcampeón”, en el que cuenta, desde el humor, su calvario cuando logró llegar al primer equipo de la Real Sociedad

Cualquier aficionado del Zamora Club de Fútbol que lleve una mediana trayectoria en el Ruta se acordará de Zuhaitz Gurrutxaga. “Gurru”, como se le conocía popularmente. Aquel jugador vasco llegó al club rojiblanco en la temporada 2007-08, curso en el que el equipo se quedó a un solo gol de ascender en Vallecas. Junto a gente como Jorge Rodríguez o Sergio Lomba, formó parte de una defensa casi infranqueable a las órdenes de Tomé. Hoy presenta su libro en Zamora, y por ello, ha atendido a La Reseña.

Nadie podía intuir que unos años antes de vestir de rojiblanco, Gurru había vivido una auténtica pesadilla. Había conseguido asentarse en el primer equipo de una Real Sociedad que siempre coqueteaba con el descenso, y que siempre sufría más de la cuenta. Javier Clemente le sacó del filial y pronto se convirtió en clave en el eje de la defensa. Y funcionó. Como él mismo ha reconocido, “la Real se pensaba que tenía central para los próximos diez años”. Y ahí fue donde se torció todo.

Gurrutxaga no pudo hacerle frente a la presión. Cayó en el miedo primero, y desarrolló un Trastorno Obsesivo Compulsivo después. Le asustaba salir de casa y que estuviese el horno encendido, a pesar de no haberlo usado. Le daba terror cruzar cualquier tipo de línea o franja si no era con el pie derecho, y se volvió un adicto al jabón, hasta el punto de gastar un bote entero en una sola ducha. Todo ello, sin decírselo a nadie, porque en aquellos años, la salud mental era un tabú.

Eso le llevó a una etapa difícil, negra, y de muchos esfuerzo para superar este trastorno. Se vio obligado a “desaparecer” del fútbol al más alto nivel, y fue acumulando cesiones en las que la motivación era casi inexistente. Su lucha pasaba por dejar atrás el problema. Así, se fue a Algeciras, al Rayo Vallecano, y al Lemona. Mientras, poco a poco conseguía ver la luz al final de un largo túnel.

Tras un buen año en Lemona, donde muchas fobias se quedaron atrás, el Zamora se puso en contacto con él. Era el verano de 2007. Tal y como reconoce, “me llevé un buen susto al llegar. El director deportivo, José Ramón Corchado, me saludó y empezamos a conversar. A los pocos minutos me di cuenta de que no conocía nada de mí, porque me estaba confundiendo con otro central llamado Gurrutxaga”. Javier Gurrutxaga era otro nombre propio de la Segunda B, que compartía apellido, demarcación y trayectoria en el fútbol vasco, pero que, evidentemente, no era Zuhaitz. Se quedó en anécdota, porque aunque Corchado no, Tomé sí que le conocía. De hecho, Gurru llega por petición expresa de Tomé, asi que se pudo confirmar “que sí que me quisieron fichar a mí, y que no llegué aquí por error”.

Se hizo un fijo, se ganó a la parroquia rojiblanca por entrega, y estuvo a punto de llegar al cielo vestido de rojiblanco. Faltaron cinco minutos en Vallecas para haber hecho el 1-2 que daría el ascenso a Segunda. Lo reconoce abiertamente: “En Zamora es donde más sentido me he querido y donde más a gusto he estado. Me encantaba salir por los Herreros, ir al Bayadoliz a por unos cuadrados o acercarme a los pinchos a por dos que sí y uno que no”. Después de mucho tiempo, Gurru consiguió alcanzar la felicidad, a pesar de que el TOC todavía le coleaba y le traía situaciones asustadizas.

Después se fue al Real Unión, volvió al Lemona y se retiró en el Beasain con 32 años. Y tras colgar las botas, empezó otra carrera: “yo no sabía qué hacer después del fútbol. Había pasado lo que había pasado y no tenía estudios más allá del bachillerato. Me dediqué a la música, pero, afortunadamente para los oyentes, lo dejé pronto. Aún así, me gustaba estar encima de un escenario, asi que acabé siendo humorista”.

Un humorista que se lleva riendo de sí mismo varios años, aunque es cierto que no ha sido hasta hace unos meses cuando se empezó a reír del TOC que le arruinó la vida. Por eso ha escrito “Subcampeón”, donde cuenta su vida, su experiencia, sus miedos, sus manías y sus episodios, mezclando el drama con la comedia. Reconoce que es lo que buscaba: que la gente se ría de una desgracia como es que un TOC arruine el sueño de todo futbolista, que es jugar en Primera División.

Subcampeón ha sido todo un éxito desde su publicación. Y hoy, a las 20:30 horas, Gurrutxaga estará en el Seminario de San Atilano para presentarlo frente a una ciudad donde fue feliz, a pesar de que en aquellos años, ser feliz era un logro para él. Estará firmando y a buen seguro, sacara alguna carcajada, además de reencontrarse con quienes le vieron renacer, aunque por aquellas, no se sabía.

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