
La familia López Arias presenta en el Hotel NH Palacio del Duero un centenario que rinde homenaje a la trayectoria de servicio sanitario y al papel social de la botica en el corazón de la ciudad
La histórica Farmacia Arias de Zamora celebrará a lo largo de este año su centenario con un amplio programa de actividades que pretenden rendir homenaje a cien años de servicio sanitario a los zamoranos y poner en valor el papel social que la farmacia ha desempeñado en la ciudad desde 1926. El anuncio fue realizado este miércoles por el farmacéutico José Antonio López Arias en un acto celebrado en el hotel NH Palacio del Duero, acompañado por colaboradores y representantes del ámbito cultural y profesional, entre ellos el arquitecto Paco Somoza, que ofreció una reflexión sobre la dimensión histórica y urbana del establecimiento.
Durante su intervención, López Arias explicó que la conmemoración pretende ser, ante todo, un reconocimiento a una trayectoria familiar y profesional que se ha prolongado durante un siglo. “Es una farmacia que lleva cien años desde que mi abuelo la compró y hemos querido hacer un homenaje a esa trayectoria de cien años dedicados a la salud de los zamoranos”, señaló. Con ese objetivo se ha diseñado una programación de actos y encuentros que se desarrollarán a lo largo del año en distintos espacios de la ciudad y que contarán con la colaboración de instituciones, empresas y profesionales vinculados al mundo sanitario y cultural.
El responsable de la farmacia subrayó que la celebración no busca únicamente mirar al pasado, sino también reflexionar sobre el papel actual de la farmacia en la sociedad. “No celebramos solo un aniversario, celebramos cien años de mostrador, cien años de conversaciones y cien años de confianza”, afirmó, destacando el vínculo que se ha establecido entre el establecimiento y varias generaciones de ciudadanos.
La historia de la farmacia se remonta a 1926, cuando Atilano López Arias, abuelo del actual responsable, decidió trasladar su actividad desde un pequeño pueblo de la provincia de Zamora a la capital. Según relató su nieto, la decisión fue fruto de una apuesta por el futuro de la familia y por las oportunidades que ofrecía la ciudad. “Mi abuelo tenía una farmacia en Piedrahíta de Castro, pero mi abuela le repetía que el pueblo no ofrecía el futuro que quería para sus hijos. Así que tomó una decisión valiente: cerró su farmacia y compró una en Zamora”, explicó.
A partir de ese momento, el establecimiento se convirtió en el eje de la vida familiar y en un punto de referencia para muchos vecinos. López Arias recordó que en aquella época la farmacia desempeñaba una función social muy marcada, especialmente en un contexto en el que muchas familias vivían del campo y no siempre podían pagar los medicamentos en el momento. “Mi abuelo apuntaba en una libreta lo que le debían y esperaba a que llegara la cosecha. A veces cobraba meses después y a veces simplemente no cobraba. Pero entendía algo muy importante: que la farmacia era antes que nada un servicio”, relató.
El fundador también ejerció como inspector de sanidad y transmitió una visión de la profesión basada en la colaboración y la mejora del sistema sanitario. “Decía que inspeccionar no era buscar fallos, sino ayudar a que las cosas se hicieran bien”, recordó su nieto.
Con el paso de los años llegó la segunda generación familiar al frente del negocio. El padre del actual responsable, José Antonio López Arias Calleja, asumió la farmacia tras casarse en 1963 con Pilar Testa, a quien había conocido mientras ambos estudiaban Farmacia. Aquella etapa coincidió con profundas transformaciones en el sistema sanitario español, especialmente con la consolidación de la Seguridad Social y la evolución de la dispensación farmacéutica.
A pesar de los cambios tecnológicos y administrativos, López Arias destacó que el elemento central de la farmacia se ha mantenido intacto durante todo este tiempo. “El mostrador de una farmacia es el lugar donde la ciencia se encuentra con la vida cotidiana”, explicó. Allí se producen cada día conversaciones con pacientes que buscan consejo, orientación o simplemente una explicación clara sobre su tratamiento.
Tras el fallecimiento de su padre en 1982, la madre del actual farmacéutico tuvo que asumir la responsabilidad del negocio y sacar adelante a seis hijos, una etapa que el propio López Arias describió como uno de los momentos más difíciles y a la vez más admirables de la historia familiar. “Mi madre se puso detrás del mostrador y siguió adelante en una época en la que el sistema sanitario cambiaba rápidamente y en la que muchas veces el farmacéutico tenía que interpretar recetas prácticamente ilegibles”, recordó.

La farmacia ha continuado evolucionando con el paso de los años y hoy trabaja en un contexto marcado por la digitalización, la receta electrónica y el acceso inmediato a la información científica. Sin embargo, según señaló el responsable del establecimiento, el espíritu del oficio sigue siendo el mismo que en 1926. “Hoy entra el paciente con el móvil en la mano y dice que ha leído en internet cuál es el mejor medicamento, pero nuestra labor sigue siendo explicar, orientar y proteger”, afirmó.
López Arias también destacó el papel fundamental que desempeñan las farmacias en territorios con una población envejecida, como ocurre en la provincia de Zamora. En este contexto, la proximidad del farmacéutico al paciente permite detectar problemas de adherencia a los tratamientos, prevenir interacciones entre medicamentos y ofrecer asesoramiento cuando no hay consulta médica inmediata.
La conmemoración del centenario incluirá actividades centradas en la prevención, la educación sanitaria y la divulgación científica, con iniciativas dirigidas tanto a profesionales como al público general. Entre ellas se abordarán cuestiones relacionadas con la longevidad, la promoción de hábitos saludables y la presencia de la farmacia en ámbitos como la escuela o la vida cotidiana de la ciudad.
En el mismo acto intervino el arquitecto Paco Somoza, quien ofreció una mirada histórica sobre la importancia del establecimiento en el tejido urbano de Zamora. Según explicó, la ubicación de la farmacia en uno de los puntos más emblemáticos del centro la convierte en un auténtico testigo del paso del tiempo. “Su permanencia durante cien años la convierte en un mirador de la historia de la ciudad, de la historia social, política y también arquitectónica”, señaló.
Somoza recordó que el edificio original en el que se instaló la farmacia fue probablemente obra del arquitecto Gregorio Pérez Arribas, una figura destacada en la transformación urbana de Zamora durante las primeras décadas del siglo XX. En ese periodo, la ciudad experimentó un notable crecimiento vinculado al desarrollo de la industria harinera y a la modernización de su estructura urbana.
A lo largo de ese siglo, explicó el arquitecto, la farmacia ha sido testigo de los cambios sociales y económicos de la ciudad, desde los años de crecimiento de principios del siglo XX hasta los momentos más convulsos de la historia contemporánea. “Cada barrio tenía su farmacia, pero esta era también una farmacia de referencia situada en el centro neurálgico de la ciudad”, apuntó.
Somoza recordó además un episodio que marcó la historia reciente del establecimiento, cuando hace unas décadas el edificio en el que se ubicaba la farmacia se derrumbó como consecuencia de un accidente durante unas obras en un inmueble colindante. A pesar de la gravedad del suceso, la farmacia fue reconstruida en el mismo lugar, conservando parte de los elementos originales y manteniendo el espíritu arquitectónico del edificio anterior.
Entre los elementos recuperados destaca la puerta de acceso, una pieza de inspiración modernista que remite al estilo arquitectónico predominante en la Zamora de los años veinte. Para el arquitecto, esa reconstrucción simboliza la capacidad de resistencia y continuidad de un negocio familiar que ha sabido mantenerse en pie frente a las dificultades.
El arquitecto concluyó su intervención felicitando a la familia López Arias por haber mantenido viva la farmacia durante cien años y expresó su deseo de que la historia continúe durante muchas décadas más. “Celebrar cien años es celebrar una parte de nuestra propia historia colectiva”, señaló.
El acto finalizó con un agradecimiento del farmacéutico a las instituciones, empresas y colaboradores que han hecho posible la organización del centenario, así como a los trabajadores, clientes y ciudadanos que han acompañado a la farmacia durante generaciones. Para López Arias, el verdadero sentido de la celebración reside en la confianza que miles de zamoranos han depositado durante décadas en un establecimiento que, según recordó, mantiene encendida la misma luz verde desde hace un siglo.







