
Fernando Labrador presenta en la feria zamorana once variedades de cerveza artesanal y ecológica, elaboradas con ingredientes de proximidad, y anima a los consumidores a descubrir un producto que, asegura, ya compite en precio con las grandes marcas comerciales
Una cerveza con níspero, otra con algarroba y hasta una elaborada con trigo y hierbaluisa. No son precisamente los sabores que uno espera encontrar cuando se acerca a pedir una caña, pero forman parte de las once variedades que Cervecería Laudaz ha llevado hasta Ecocultura, la feria de productos ecológicos que se celebra en el recinto ferial de Ifeza. Detrás de estas combinaciones se encuentra Fernando Labrador, que defiende una forma de elaborar cerveza en la que la creatividad, los ingredientes de proximidad y el contacto directo con los agricultores tienen tanto protagonismo como la propia bebida.
«Hay que perderle el miedo a la cerveza artesana y ecológica», asegura Labrador mientras muestra una colección que combina los estilos cerveceros más tradicionales con propuestas bastante menos habituales. Aproximadamente la mitad de sus once variedades responde a recetas clásicas que pueden encontrarse en cualquier cervecería, pero la otra mitad pertenece a una gama de temporada en la que experimentan con los productos de su entorno. Así nacen cervezas de trigo con hierbaluisa, otras con bergamota, una Porter con algarroba o una Pilsen con níspero. El objetivo no es únicamente sorprender al consumidor, sino aprovechar estas elaboraciones para establecer vínculos con agricultores y productores de su zona.
Pero ¿qué diferencia realmente a una cerveza artesanal de una ecológica? Labrador explica que ambos conceptos no tienen por qué ir necesariamente de la mano. Mientras la elaboración artesanal está relacionada con el respeto a los procesos tradicionales y la producción a pequeña escala, la ecológica implica también prestar atención al origen y a la forma de producir las materias primas. Esa relación con quienes cultivan los ingredientes es precisamente uno de los pilares de Laudaz, que apuesta por elaborar sus cervezas con productos de la mayor cercanía posible.
En cuanto al sabor, Fernando recurre a una comparación que cualquiera puede entender: la diferencia entre un guiso casero y uno preparado fuera de casa. «Ese sabor más intenso lo puedes encontrar con alguien que lo hace a pequeña escala y con un cariño especial», explica. A su juicio, las cervezas artesanales permiten apreciar mejor las características de las materias primas y presentan diferencias perceptibles de color y sabor frente a muchas de las grandes marcas comerciales. Tanto es así que considera que un consumidor podría distinguirlas incluso en una cata a ciegas, sin conocer previamente cuál de las dos está probando.
Sin embargo, abrirse camino en un mercado tan dominado por las grandes cerveceras no resulta sencillo. Labrador reconoce que los consumidores van perdiendo progresivamente el miedo a probar nuevos estilos, aunque todavía queda recorrido para que la cerveza artesanal encuentre su espacio. Su apuesta pasa por mantener una producción de proximidad y una distribución fundamentalmente local, sin pretender competir en volumen con las grandes compañías. Y frente a uno de los principales obstáculos que suelen asociarse a estos productos, el precio, asegura que las últimas subidas de las cervezas comerciales han permitido que sus elaboraciones se sitúen actualmente en valores similares. Una circunstancia que, considera, debería animar a más personas a dar una oportunidad a nuevos sabores.
La de este año es ya la quinta participación de Cervecería Laudaz en Ecocultura, una cita que para Fernando tiene un significado que va más allá de las ventas. Destaca especialmente el compromiso de los productores y visitantes que llevan años apostando por una forma diferente de consumir. «Aquí en Zamora la cultura ecológica es una feria que realmente se siente», afirma, convencido de que encontrarse con personas que comparten esa filosofía ayuda a continuar con un proyecto que no siempre resulta fácil. Una inyección de ánimo para seguir experimentando con ingredientes y elaborando cervezas que, lejos de limitarse a la clásica rubia o tostada, demuestran que también hay espacio para una caña con sabor a níspero.