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David Alonso Cuesta lleva la tradición galguera de Madrigal de las Altas Torres a una escultura monumental

El artista destaca la responsabilidad de llevar al patrimonio urbano una seña de identidad local: «Buscaba plasmar la relación entre los animales, el territorio y las personas que mantienen viva esta tradición»

El joven escultor coresano David Alonso Cuesta, de 23 años de edad, presentó este sábado en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) una escultura monumental dedicada a la tradición galguera y la relación que existe entre el municipio, su paisaje y las liebres que lo han hecho reconocido dentro de este mundo.

Desde que le surgió el proyecto, Alonso Cuesta tenía claro que no quería realizar simplemente una escultura de un galgo y una liebre, sino construir una composición que fuese capaz de transmitir lo que sucede durante la carrera.

La obra está planteada buscando que las dos figuras tengan un protagonismo equilibrado y que exista una relación entre ellas. «El galgo representa la potencia, la elegancia y la velocidad», mientras que «la liebre aporta la capacidad de reacción y la resistencia», convirtiéndose en el contrapunto del conjunto.

«No quería que una figura fuese simplemente un acompañamiento de la otra, sino que ambas formasen un conjunto inseparable», explica el escultor.

Conseguir que la sensación de movimiento funcionase en una escultura monumental fue el principal reto del proyecto para el coresano, ya que, según él, al trabajar con una pieza destinada al espacio público tienes que pensar no solamente en la anatomía de las figuras, sino también en cómo se perciben desde la distancia, cómo cambia la composición al desplazarse alrededor de ella y cómo conseguir que el movimiento se mantenga aunque la obra esté físicamente detenida.

«También era importante que la obra funcionase desde diferentes puntos de vista. Al estar destinada al espacio público, no quería plantearla como una imagen frontal cerrada, sino como una composición que el espectador pudiera recorrer y descubrir desde distintos ángulos. El movimiento, por tanto, no está únicamente en las figuras, sino también en la relación que se establece entre la obra y quien la contempla», señala el joven artista.

Significado personal

«A nivel personal, este proyecto ha supuesto un reto importante y también una gran responsabilidad. Cuando realizas una obra para un espacio público sabes que deja de pertenecerte únicamente a ti como escultor y pasa a formar parte de la vida cotidiana de un municipio. Eso hace que cada decisión tenga un peso diferente», añade Alonso Cuesta.

Desde el punto de vista profesional, el escultor señala que lo más interesante del proyecto había sido transformar una tradición muy concreta de Madrigal en un lenguaje escultórico. Explica que no se trataba únicamente de representar una actividad, sino de recoger en la obra la relación entre los animales, el territorio y las personas que habían mantenido esa tradición durante generaciones.

Una vez finalizada e instalada la obra, asegura que la sensación que le deja es principalmente de satisfacción, especialmente al poder verla finalmente en su emplazamiento y comprobar cómo interactuaba con el espacio y con las personas, algo que, según apunta, no podía experimentar durante el trabajo en el estudio o el taller.

«Para mí, lo importante es que la escultura no se quede únicamente en la representación de una escena, sino que pueda convertirse en un elemento más del municipio, vinculado a su paisaje y a su identidad. Si con el paso del tiempo consigue que las personas que la contemplen entiendan un poco mejor la importancia que tiene esta tradición para Madrigal, considero que el proyecto habrá cumplido su objetivo», concluye el escultor.