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Zamora en otoño: naturaleza, patrimonio y sabor en la estación dorada

Viñedos de la Sierra de la Culebra en otoño

Bosques teñidos de ocres, berrea, setas, aves migratorias, pueblos medievales, románico y vino convierten a la provincia en un destino para descubrir con calma durante el otoño

El otoño transforma Zamora. Los verdes del verano dejan paso a los ocres, amarillos y rojizos, los bosques se llenan de hojarasca, los viñedos cambian de color después de la vendimia y las primeras lluvias despiertan los montes. Es también la época de las setas, de las aves migratorias y, en las sierras, de la berrea de los ciervos.

La provincia concentra en un territorio relativamente compacto paisajes muy diferentes: las montañas y lagunas glaciares de Sanabria, los bosques de Aliste y la Sierra de la Culebra, las llanuras de Tierra de Campos, las Lagunas de Villafáfila, los viñedos de Toro y Tierra del Vino, los Valles de Benavente y los cañones de los Arribes del Duero. Una diversidad que permite combinar naturaleza, patrimonio, gastronomía, vino y turismo rural en una misma escapada.

Sanabria es uno de los grandes escenarios del otoño zamorano. El Parque Natural del Lago de Sanabria reúne montaña, agua y bosques. El lago, de origen glaciar, aparece rodeado de robledales, serbales, acebos, tejos, abedules y castaños que durante estos meses ofrecen una gran variedad cromática.

Lago de Sanabria

La comarca invita también a caminar por antiguos caminos, valles y senderos junto a los ríos. Entre las rutas más destacadas se encuentra la del Tejedelo, cerca de Requejo, mientras que Ribadelago, Vigo de Sanabria y San Martín de Castañeda ofrecen otros recorridos entre bosques y riberas.

El patrimonio completa la experiencia. Puebla de Sanabria, declarada Conjunto Histórico-Artístico, conserva un conjunto medieval de calles empedradas, casas tradicionales, castillo, iglesia de Nuestra Señora del Azogue y murallas. San Martín de Castañeda, con su antiguo monasterio cisterciense situado sobre el lago, constituye otra de las visitas destacadas.

Recolección de setas en la Sierra de la Culebra

Con las primeras lluvias comienza la temporada micológica. Sanabria, Aliste y Sayago concentran buena parte de la riqueza de setas de la provincia, con especies como boletus, níscalos, chantarelas y macrolepiotas. La micología se prolonga además hasta la gastronomía, con restaurantes que incorporan estos productos a guisos, arroces, carnes y otras elaboraciones. La recolección exige, en todo caso, respetar la normativa y consumir únicamente especies correctamente identificadas.

La castaña es otro de los grandes productos del otoño. Especialmente presente en Sanabria y Aliste, continúa vinculada a los tradicionales magostos, celebraciones alrededor del fuego que combinan castañas, productos locales, música y convivencia.

Castaños milenarios de la Alcobilla en San Justo

La Sierra de la Culebra ofrece una experiencia diferente. Sus pinares, robledales, matorrales y castañares constituyen un territorio de gran valor natural donde viven ciervos, corzos, jabalíes y lobos ibéricos. Entre finales de septiembre y comienzos de octubre, la berrea convierte los amaneceres y atardeceres en uno de los grandes espectáculos de la estación.

El Centro del Lobo Ibérico de Castilla y León, en Robledo de Sanabria, permite conocer esta especie y su relación histórica con las comunidades rurales. La observación de fauna debe realizarse siempre con prudencia y sin alterar el comportamiento de los animales.

Ejemplar de lobo ibérico en la Sierra de la Culebra

Aliste suma naturaleza y tradiciones. Los bosques de robles y castaños, los pueblos, la arquitectura popular y productos como la ternera de Aliste, la miel o los productos de la matanza forman parte de una comarca donde el patrimonio etnográfico mantiene un especial protagonismo durante el otoño.

En los Arribes del Duero aparece un paisaje completamente diferente. El río ha excavado profundos cañones cuyas paredes pueden superar los 200 metros, mientras encinas, alcornoques, olivos, madroños y viñedos ocupan las laderas. Fermoselle constituye una de las principales puertas de entrada, con sus calles estrechas, bodegas tradicionales y miradores sobre el Duero.

Mirador de los Arribes del Duero en Villadepera

Fariza, Cozcurrita, Pinilla de Fermoselle y Villardiegua de la Ribera amplían las posibilidades de la escapada, que también puede incluir los cruceros ambientales por el Duero. Los Arribes son además un territorio privilegiado para observar buitres, águilas, alimoches, cigüeñas negras y halcones peregrinos.

El vino constituye otro de los grandes argumentos del otoño zamorano. Toro, Arribes, Tierra del Vino y Valles de Benavente permiten combinar viñedos, bodegas, patrimonio y paisajes diferentes. La estación coincide con el final de la vendimia y con el cambio de color de las viñas.

Toro ofrece además una completa propuesta patrimonial, con la Colegiata de Santa María la Mayor, el Alcázar, el Arco del Reloj, palacios, iglesias románicas y mudéjares, el monasterio de Sancti Spiritus y las bodegas tradicionales.

En Tierra de Campos, las Lagunas de Villafáfila ofrecen otro de los grandes espectáculos naturales. El humedal recibe importantes concentraciones de aves migratorias, entre ellas ánades, grullas y ánsares. La avutarda constituye otra de las especies emblemáticas de la reserva. Los palomares de adobe y los campos abiertos completan un paisaje especialmente atractivo para la fotografía de naturaleza.

Centro de interpretación de las Lagunas de Villafáfila

Benavente y sus valles aportan patrimonio y arqueología. Las iglesias de Santa María del Azogue y San Juan del Mercado y la Torre del Caracol son algunos de sus principales monumentos, mientras que dólmenes, asentamientos prehistóricos, restos romanos y el campamento de Petavonium permiten recorrer miles de años de historia. Santa Marta de Tera añade su iglesia románica del siglo XII y el conocido fenómeno de la luz equinoccial.

Iglesia de Santa Marta de Tera

La provincia ofrece también otros enclaves monumentales como el monasterio de Santa María de Moreruela y la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave, y el castillo de Alba, que amplían un patrimonio que abarca desde la prehistoria y la época romana hasta el románico y la arquitectura tradicional.

Monasterio de Santa María de Moreruela

La gastronomía completa el recorrido. Las setas y las castañas comparten protagonismo con los habones de Sanabria, el garbanzo de Fuentesaúco, el queso zamorano, la ternera de Aliste, el lechazo y los embutidos. Los guisos, platos de cuchara y preparaciones de caza adquieren especial protagonismo con la llegada del frío, mientras los vinos de las diferentes denominaciones completan una despensa estrechamente vinculada al territorio.

El otoño es también una estación de tradiciones. Las romerías y celebraciones populares mantienen su presencia en diferentes comarcas, mientras las últimas semanas de la estación sirven de antesala a las mascaradas de invierno, entre ellas el Zangarrón de Sanzoles, los Carochos de Riofrío de Aliste y el Tafarrón de Pozuelo de Tábara, cuya celebración es la primera en el calendario dado que tiene lugar el 7 de diciembre, todavía dentro de la estación otoñal.

Tafarrón de Pozuelo de Tábara

Zamora propone así un otoño para viajar despacio. Una escapada puede comenzar entre los bosques de Sanabria, continuar por una villa medieval y terminar ante una mesa con productos de temporada. Otra puede unir los miradores de los Arribes con una bodega, o dedicar una jornada a las aves de Villafáfila y otra al patrimonio de Toro.

Sanabria aporta el agua y los bosques; la Sierra de la Culebra, la fauna; Aliste, la tradición; los Arribes, el Duero y los viñedos; Villafáfila, las aves; Toro, el vino y el patrimonio; Benavente, la arqueología; y Zamora capital, siglos de historia concentrados en un paseo.

Cielo otoñal sobre el Duero a su paso por Zamora

Porque el otoño zamorano no se limita a cambiar el color del paisaje. También cambia el ritmo de la provincia. Las lluvias despiertan los bosques, la vendimia da paso a los vinos jóvenes, las aves regresan a las lagunas y las cocinas recuperan los sabores más contundentes del territorio. Una combinación de naturaleza, patrimonio, gastronomía y tradición que convierte a Zamora en un destino especialmente completo durante la estación dorada.