
La llegada de Óscar Cano se traduce en 11 de 18 puntos, dos victorias consecutivas a domicilio y una identidad de juego más definida, con mayor control a través de la posesión
El Zamora CF continúa consolidando una línea reconocible desde la llegada de Óscar Cano al banquillo. Los números avalan el cambio: 11 puntos de 18 posibles, dos triunfos seguidos lejos del Ruta de la Plata y una imagen más sólida y coherente, basada en el control del juego, la pausa con balón y una mayor fiabilidad en las áreas. En Cáceres, el equipo volvió a competir desde la eficacia y el oficio para sumar tres puntos que refuerzan el discurso y la confianza.
El partido quedó encarrilado muy pronto en el Príncipe Felipe. Tras un inicio intenso del Cacereño, con presión alta y un primer aviso que obligó a Fermín a intervenir, el Zamora supo golpear cuando el partido aún se estaba ordenando. A los nueve minutos, una acción a balón parado acabó con el balón en los pies de Miki Codina, que aprovechó un desajuste defensivo para adelantar a los rojiblancos. Doce minutos después, el propio Codina volvió a aparecer, esta vez como asistente, para que Kike Márquez firmara el segundo y dejara el encuentro claramente a favor del conjunto zamorano.
Ese primer tramo fue el reflejo más nítido de la versión que busca Cano: equipo junto, salida limpia, dominio territorial y capacidad para castigar en momentos clave. A partir de ahí, el Zamora optó por gestionar la ventaja, bajó el ritmo y apostó por el control, incluso a costa de renunciar a una presión más alta. El Cacereño lo intentó con centros y acciones aisladas, pero sin encontrar continuidad ni claridad ante un Zamora bien plantado.
La segunda parte tuvo menos brillo, más interrupciones y un escenario más incómodo que peligroso. El Zamora defendió con orden, Fermín respondió cuando fue necesario y el partido se fue consumiendo sin sobresaltos reales. No fue una exhibición, pero sí una victoria madura, de esas que suman algo más que puntos: refuerzan una idea y consolidan una identidad que empieza a ser reconocible jornada tras jornada.


