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La alfarería tradicional reivindica en Zamora su valor ante la falta de relevo generacional

Los artesanos presentes en la Feria de la Cerámica defienden el trabajo manual y alertan de la reducción progresiva de profesionales en un oficio histórico para la provincia

La Feria de la Cerámica de Zamora vuelve a convertir el centro de la ciudad en un escaparate del barro, la tradición y el trabajo artesanal. Entre piezas de Pereruela, cazuelas, hornos y utensilios elaborados a mano, los alfareros reivindican un oficio histórico que forma parte de la identidad de la provincia, pero que atraviesa un momento complejo por la falta de relevo generacional y el aumento de los costes.

Desde la Alfarería José Luis Redondo, de Pereruela, municipio de tradición alfarero como pocos en la provincia, Yolanda explica que detrás de cada pieza hay un proceso lento, manual y condicionado por los tiempos del barro. Aunque algunas cazuelas pueden elaborarse en una misma jornada, el secado y el horno marcan el ritmo final. En invierno, una pieza puede tardar hasta una semana en estar lista, mientras que en verano el proceso se reduce a dos o tres días.

Una de las principales reivindicaciones del sector es que la alfarería sigue siendo un trabajo artesanal. “Todo se trabaja a mano”, recalca Yolanda, frente a la idea equivocada de quienes piensan que las piezas se elaboran mediante moldes o procesos industriales. Los artesanos destacan que cada pieza requiere técnica, experiencia y conocimiento de un oficio transmitido durante generaciones.

La valoración del público, sin embargo, parece haber aumentado en los últimos años. Los alfareros perciben que cada vez más personas se interesan por el proceso de elaboración y por la historia que hay detrás de cada pieza. Aun así, esa sensibilidad no siempre se traduce en continuidad para el oficio, que afronta una de sus mayores amenazas: la ausencia de jóvenes dispuestos a tomar el relevo.

Yolanda reconoce que el relevo generacional es escaso, aunque también destaca que existen artesanos jóvenes que están innovando y luchando para que la alfarería no desaparezca. En este sentido, considera que las ayudas y el apoyo institucional serían fundamentales para animar a nuevas generaciones a incorporarse a un sector en el que los costes han subido de forma notable, como ha ocurrido en otros ámbitos de la vida cotidiana.

La evolución de la propia Feria de la Cerámica refleja esa situación. Según recuerda, en sus primeros años la cita llegó a reunir a más de un centenar de puestos, mientras que en la actualidad participan 28 alfareros y alrededor de 35 ceramistas. Una reducción que evidencia las dificultades para mantener vivo un oficio que durante décadas ha tenido un peso especial en localidades como Pereruela y en el conjunto de la provincia.

Pese a todo, la feria continúa siendo un punto de encuentro fundamental entre artesanos, vecinos y visitantes. Más allá de la venta de piezas, los profesionales del barro subrayan la importancia de que el público se acerque, pregunte y conozca las técnicas, las tradiciones y el trabajo que hay detrás de cada creación.

La alfarería reclama así su espacio no solo como actividad económica, sino también como patrimonio vivo. En una ciudad donde la Feria de la Cerámica forma parte del ambiente festivo, los artesanos insisten en que conservar este oficio implica valorar las piezas, pero también escuchar a quienes las hacen posibles y entender que cada una de ellas guarda una parte de la memoria y de la identidad zamorana.